Quedé en ti.

Quedé ahí… sujeta a esas pestañas ensortijadas, a esa áspera piel, a esas cejas sombrías; a esos tenues y nebulosos labios… al caminar ebrio y vacilante; a  los tantos besos valiosos y placenteros; a los abrazos con sabor a locura y clama; a las miradas idas por los sempiternos sueños.

Quedé en la manera en como saboreaba lo dulce y agrio de la vida; al poco gusto por lo común… suspendida a aquellos sueños intranquilos y turbados; a las tantas pesadillas yermas y realidades repletas.

Quedé en el vaivén; en esa neutralidad y desequilibrio con que permanecía a diario… en lo que callaba, escuchaba, gritaba sigilosamente, carcajeaba, lloraba, veía, amaba, aborrecía con toda fuerza y debilidad.

Quedé ahí, sujeta a ti, amor mío, eternamente sujeta al placer por vivir y recordar.

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Adiós.

Te quise, te anhelé, te esperé y por último te amé, pero… ¿qué? No te importó qué tanto me podía romper al verte feliz respirando otros aires, abrazando otros cuerpos, besando otras pieles; no te importó verme caer continuamente por tus errores; no te importó verme finalmente destrozada y vacía por tu bendita soberbia. Fue duro el tener que ignorar señales, me dolió el orgullo y el recuerdo, me entristecía verte con ojos comunes. A medida que el tiempo ha pasado, he aprendido, te he dejado ir, he comprendido que primero está mi felicidad y mi tranquilidad antes que tus caprichos; no podía seguir llenando tu miserable vida quedándome sin nada, ya no, juro que no puedo más. Te tengo que decir adiós, así no lo desee, por mi bien y por el tuyo, me tengo que marchar, tengo que seguir mi rumbo para que tú también puedas abrir tus alas y volar lejos, sin ataduras y aprendas a amar de corazón, de pies a cabeza, con defectos y virtudes, para que encuentres, por fin, a quien te cree mil tormentas en tu maniática existencia. Adiós.

No lo dudes nunca.

¿Sabes? Ya no pienso en ti como solía hacerlo ayer. Las cosas han cambiado. Puedo decir que te he superado. Ya no siento rencor ni resentimiento cuando te veo, por fin no te siento. He aprendido a dejar atrás todo lo que atormentaba el corazón, todo lo que me hacía una persona infeliz, todo lo que me hacía volver atrás y creer que volvería a haber un “nosotros”. He aprendido a dejarte a ti y a tu amor desventurado en el pasado. No quiero anclarme más a lo que hace tóxico mi cuerpo y alma, ya tuve bastante contigo. No pienses que te veo como un error, porque no, no lo fuiste, me diste buenos momentos, fui feliz y te lo agradeceré siempre. Solo quiero que sepas que estoy bien, estoy dichosa con mi vida, que ya no me duele tu amor, puedes quedar tranquilo, si era lo que tanto te preocupaba cuando todo terminó. Al igual, quiero que seas el ser más feliz, así no sea conmigo, quiero que aprendas a valorar las pequeñas cosas, quiero que aprendas a levantarte y verte nuevo y afortunado por lo que te toca, te guste o no. No desistas ni hagas sentir inferior a alguien más, no te imaginas lo desgarrador que es. Por último, quiero que sepas que así como tú, yo también seré la más feliz siempre, no lo dudes nunca.

Si lo piensas.

Te quise y te esperé lo necesario, no te alcanzaría la vida para saber cuánto, estuve ahí aún cuando no me necesitabas y nunca lo quisiste aceptar, siempre estuviste empeñado en lo ligero, no tuviste tiempo ni para una llamada; ahora vienes en busca de algo ya está dado por perdido, que se rompió pedazo a pedazo con cada promesa, con cada mentira. Ya no más. No estoy dispuesta a nada que sea por y para ti, mi turno ha llegado, ahora soy quien puede pero no quiere. Todo tiene un punto final, para bien o para mal y este es el nuestro. No te quiero de vuelta, me basta con quererme y saber quién soy, los amores a medias ya no llenan mi vida, he hecho planes nuevos y no ha quedado lugar para ti. Tuviste un largo rato para quererme y para complacerme el corazón, no quisiste, si piensas en volver, ya se ha hecho demasiado tarde, no quiero más tu amor a migajas, no tienes más para ofrecer(me) que ilusiones rotas, para ti, el destino decidió marcar las 12:00 y tú te has quedado atrás, nada qué hacer. Ha sido tu culpa, no la mía. Si lo piensas, ya no, ya no más.

Quiéreme.

Quiéreme con locura, coraje, ternura, sabor, placer; con mis gritos y silencios; con mi fulgor y sombras; con mis semblantes y posturas ;con las entrañas andrajosas; con las tantas fuerzas del mar.

Quiéreme como tu eminente y definitivo lucero; como tu medio limón; como tu balada favorita; como tu primavera e invierno; como tu tormento; como tu amado y sentido hogar; como tu más agraciada casualidad.

Quiéreme al amanecer, atardecer y anochecer; al olvidar y recordar; al emanar y consumirte; al ser y no ser; al creer en tus misterios; al ver con asombro aquel jardín; al soñarte volátil.

Quiéreme si sufres el vacío y la soledad; si no sabes querer; si el fracaso te alcanza; si te ahogas en tus pesadumbres; si te carcajeas las horas; si tienes la necesidad de devorarte al mundo en un segundo.

Quiéreme hasta que tus pulmones estallen; hasta que las ganas se te acaben; hasta que tus labios se cansen de besar; hasta que tus ojos ya no quieran leerme; hasta que tus chillidos enmudezcan.

Quiéreme aún cuando el cosmos esté de cabeza, sin descifrar el porqué; aún cuando te sientas pequeño y prohibido; aún cuando estés dispuesto a ser mío; aún cuando quieras todo y nada; aún cuando corras desesperado de lo que tanto anhelas.

Y si te desvelas por pretenderme y quererme, vida mía, hazlo siempre de pies a cabeza. ¿Qué tan espinoso puede resultar hacerlo por primera vez?

 

 

Y SI…

 

Y si tus labios rosaban los míos,
subía de un tirón al cielo,
mis latidos bailaban de puntitas para la luna…

Y si tus manos jugaban a las escondidas con mi figura,
nube tras nube, noche tras noche,
tanteaba uno a uno tus afanes y deseos…

Y si te la jugabas por curiosearme,
me aferraba a la idea de ser tu astronauta,
siempre tu musa y tu blues…

Y si me apresabas dulcemente,
me subías a tu nave instantáneamente,
me aseguraba de quedar fija en tu no sé qué…

Me emitías ambiciones, ternura, ganas ardientes…
Estábamos a un paso de pisar nuestros planetas…
Y si hubiésemos llegado al colapso definitivo, ¿qué?

Lo perverso y lo abnegado…
Lo demente y lo cuerdo…
El éxtasis del placer.

Ella.

 Ella, que no creía en lo que realmente era.
Ella, que no sabía lo grande que es el amor propio.
Ella, que no esperaba tener tanto potencial.
Ella, que no aceptaba su belleza, por miedo a no ser.
Ella, que no imaginaba llegar tan lejos.
Ella, que solo se fiaba de lo que lo demás decían aparentemente.
Ella, que creía vivir en una jaula sin salida.
Ella, que se vivía infeliz por lo que veía en el espejo.
Ella, que juraba estar en la soledad.
Ella, que era una chiquilla ingenua e insegura.
¿Y ahora, qué?
Mírala.
De verdad.
Mírala.
No es la misma de hace unos cuantos meses.
Ha crecido.
Se ha hecho toda una mujer.
Ha aprendido a mirar con ojos de amor cada rincón de su cuerpo.
Ha aprendido a sonreír a diario.
Ha aprendido a caminar segura.
Ha aprendido a dejar de lado los apegos tóxicos.
Ha aprendido a despejar su corazón de ataduras y miedos.
Ha aprendido a ser quien quiere.
Ha aprendido a encontrarse.
Ha aprendido a darle sentido a su vida.
Ha aprendido a amarse.
Ella, la que creía estar muerta en vida…
Ella, ha rebosado la copa.
Ella, ha aprendido a volar.

 

Para ti, hoy y siempre.

Qué daría por estar contigo, ya sea cinco minutos o todo el tiempo…
Qué daría por sentir un beso, un abrazo o una caricia tuya…
Qué daría por pasar todo mi tiempo contigo…
Qué daría porque tú supieras lo mucho que te quiero y te echo de menos…
Qué daría porque tú sintieras algo hacia mí, que me dijeras “te extraño”…
Qué daría por un mensaje tuyo de buenos días y buenas noches…
Qué daría por verte sonreír, por quererte cada día más, por salir a la calle tomada de tu mano…
Qué daría por haber aprovechado cada segundo, minuto, hora y día contigo…
Qué daría por regresar el tiempo para poder expresar todo lo que siento por ti…
Qué daría por revertir todo y haber sabido que era nuestro último beso, nuestro último abrazo, nuestras últimas palabras…
En fin… me arrepiento por no haber hecho lo que mi corazón me decía.
Me arrepiento tanto… esto me descontrola. Tú me descontrolas.
Si supieras lo mucho que te quiero, lo mucho que te echo de menos, las veces que te pienso, lo difícil que es olvidarte, lo desagradable que es verte y no poder abrazarte, tenerte en frente y no poder dirigirte una sola palabra…
No sabes la nostalgia que da al recordar todo lo que vivimos, sentimos y dijimos, y que con el tiempo se volvió un lindo recuerdo, que quedará siempre en mí, teniendo la esperanza de que tú algún día me extrañes, me busques y me abraces como nunca.
Pero bueno… se dicen  y piensan muchas cosas, ¿no? Por más que queramos regresar el tiempo, repetir una y otra vez cada momento, no podemos. Nos toca acostumbrarnos y siempre tener presente que las oportunidades solo se presentan una vez.