Y SI…

 

Y si tus labios rosaban los míos,
subía de un tirón al cielo,
mis latidos bailaban de puntitas para la luna…

Y si tus manos jugaban a las escondidas con mi figura,
nube tras nube, noche tras noche,
tanteaba uno a uno tus afanes y deseos…

Y si te la jugabas por curiosearme,
me aferraba a la idea de ser tu astronauta,
siempre tu musa y tu blues…

Y si me apresabas dulcemente,
me subías a tu nave instantáneamente,
me aseguraba de quedar fija en tu no sé qué…

Me emitías ambiciones, ternura, ganas ardientes…
Estábamos a un paso de pisar nuestros planetas…
Y si hubiésemos llegado al colapso definitivo, ¿qué?

Lo perverso y lo abnegado…
Lo demente y lo cuerdo…
El éxtasis del placer.

Ella.

 Ella, que no creía en lo que realmente era.
Ella, que no sabía lo grande que es el amor propio.
Ella, que no esperaba tener tanto potencial.
Ella, que no aceptaba su belleza, por miedo a no ser.
Ella, que no imaginaba llegar tan lejos.
Ella, que solo se fiaba de lo que lo demás decían aparentemente.
Ella, que creía vivir en una jaula sin salida.
Ella, que se vivía infeliz por lo que veía en el espejo.
Ella, que juraba estar en la soledad.
Ella, que era una chiquilla ingenua e insegura.
¿Y ahora, qué?
Mírala.
De verdad.
Mírala.
No es la misma de hace unos cuantos meses.
Ha crecido.
Se ha hecho toda una mujer.
Ha aprendido a mirar con ojos de amor cada rincón de su cuerpo.
Ha aprendido a sonreír a diario.
Ha aprendido a caminar segura.
Ha aprendido a dejar de lado los apegos tóxicos.
Ha aprendido a despejar su corazón de ataduras y miedos.
Ha aprendido a ser quien quiere.
Ha aprendido a encontrarse.
Ha aprendido a darle sentido a su vida.
Ha aprendido a amarse.
Ella, la que creía estar muerta en vida…
Ella, ha rebosado la copa.
Ella, ha aprendido a volar.

 

Para ti, hoy y siempre.

Qué daría por estar contigo, ya sea cinco minutos o todo el tiempo…
Qué daría por sentir un beso, un abrazo o una caricia tuya…
Qué daría por pasar todo mi tiempo contigo…
Qué daría porque tú supieras lo mucho que te quiero y te echo de menos…
Qué daría porque tú sintieras algo hacia mí, que me dijeras “te extraño”…
Qué daría por un mensaje tuyo de buenos días y buenas noches…
Qué daría por verte sonreír, por quererte cada día más, por salir a la calle tomada de tu mano…
Qué daría por haber aprovechado cada segundo, minuto, hora y día contigo…
Qué daría por regresar el tiempo para poder expresar todo lo que siento por ti…
Qué daría por revertir todo y haber sabido que era nuestro último beso, nuestro último abrazo, nuestras últimas palabras…
En fin… me arrepiento por no haber hecho lo que mi corazón me decía.
Me arrepiento tanto… esto me descontrola. Tú me descontrolas.
Si supieras lo mucho que te quiero, lo mucho que te echo de menos, las veces que te pienso, lo difícil que es olvidarte, lo desagradable que es verte y no poder abrazarte, tenerte en frente y no poder dirigirte una sola palabra…
No sabes la nostalgia que da al recordar todo lo que vivimos, sentimos y dijimos, y que con el tiempo se volvió un lindo recuerdo, que quedará siempre en mí, teniendo la esperanza de que tú algún día me extrañes, me busques y me abraces como nunca.
Pero bueno… se dicen  y piensan muchas cosas, ¿no? Por más que queramos regresar el tiempo, repetir una y otra vez cada momento, no podemos. Nos toca acostumbrarnos y siempre tener presente que las oportunidades solo se presentan una vez.

Una carta para ti, que quizás me estés leyendo.

Hoy trataré de expresarte mis más íntimos y sinceros sentimientos…
El tener que quererte en silencio, para mí, no ha sido nada fácil. Ha sido un desafío.
Siempre he querido gritarle al mundo lo mucho que te quiero, lo mucho que me importás pero se me hace imposible.
Llegaste a mi vida a dar luz, sentido, color… a darle más que felicidad…
Cada día me hago las mismas preguntas: “¿Acaso siente lo mismo que yo?”, “¿Se fijará en mí?”, “¿Me querrá de verdad?”… Daría lo que fuera por verte feliz, sea a mi lado o no, por verte triunfar.
“Te quiero más a que muchas personas, de una manera que solo te puedo querer a vos”, me llenás más que nada, me das fortaleza, sacás lo mejor de mí,  revivís en un segundo ese amor que creí haber acabado hace mucho tiempo.
He tratado miles y miles de veces de alejarme lo más posible para no crear más sufrimiento pero nunca he tenido el coraje de hacerlo. Me prometo olvidarte pero de verdad que no puedo, se me hace imposible el pensar no tenerte nunca más a mi lado… me arrancarías un pedazo de mi vida.

I.

Muchas veces no nos damos cuenta de lo importantes, valiosos, auténticos y capaces que somos. Siempre nos dejamos llevar por las apariencias, nos fijamos mucho en el qué dirán. No damos a conocer lo que somos y lo que tenemos, por miedo a ser señalados por esta indiferente sociedad. No confiamos en nosotros mismos. Por este desagradable miedo, perdemos a las personas que más amamos, perdemos nuestra autoestima, perdemos la confianza a todo, nos perdemos en un vacío extenso y absurdo. Pensamos que porque una persona nos falló, todas las demás también lo harán y hasta de una manera más fuerte; que porque nos equivocamos una vez, lo seguiremos haciendo; que porque hoy no nos salieron las cosas a como imaginábamos, perdemos la fe y la esperanza a lo que es; que porque recaemos en la decepción y desesperación, dejamos de creer y vamos por la vida como zombies. Al final, todos nos resulta difícil y nos estancamos en que no podemos seguir, en que todo el mundo es un “asco”, nos deprimimos y nos afligimos porque las apariencias nos engañan, nos hacen ver que todo es color y bello; creemos que las personas cambian y nos dejan de lado, cuando en realidad no las conocíamos lo suficiente, confiamos tanto en ellas, que al final nos hacemos añicos, se nos parte el alma y no encontramos sentido alguno a nuestro diario vivir. Pensamos que toda persona está con nosotros en todo momento, que nos protege y que vale la pena tenerlos siempre, cuando en realidad son pasajeros, son desconocidos que van por nuestra vida solo a darnos una lección, a hacernos fuertes y guerreros, y mostrarnos a qué y cómo nos estamos enfrentando en este lucha, dándonos así una motivación a seguir y ser felices, así nuestro mundo se nos esté cayendo poquito a poco. Siempre tenemos que tener en cuenta que Dios nos tiene un plan divino en este vida pese a lo que sea y que todo sucede por algo, ya sea bueno o “malo”, que si nos caemos, Dios siempre estará ahí para ayudarnos a levantar y para sanarnos de los males del corazón, solo tienes que confiar en él y saber que nunca te defraudará. Confía y llegarás a la cima. 

Fue.

Fue mi fugaz amanecer.
Fue mi interminable atardecer.
Fue aquel interludio entre lo que venero y lo que aborrezco.
Fue un sueño ofuscado , ofuscado de miles sinsabores. 
Fu el mayor sentir en mis días.

Detrás de esa mujer.

Detrás de esa mujer
fuerte y guerrera,
feliz y sonriente,
optimista y positiva…
Hay un corazón cansado
de tanto batallar,
de tanto luchar,
melancólico por lo que no pudo ser…
hay un alma confundida
con la realidad y los sueños,
pero que en el fondo sabe
que puede con ayuda de Dios,
con lo que venga.